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Von Trier vio la luz

Fuera de su propio dogma, el director danés se ubicó,
con "Dancer in the dark", a un paso de la Palma de Oro.

CANNES.- Hasta el momento, se habían visto en
la competencia oficial muchas películas muy
buenas. Ayer, gracias a "Dancer in the dark", de
Lars Von Trier, el Festival le deparó a la Croissette lo que todo el mundo estaba
esperando: esa suerte de estado de gracia que nace en la oscuridad de la sala
y que se prolonga en los diálogos festivaleros durante varios días. A decir
verdad, el interés que despertaba a priori la película del director danés era
intenso. La prensa llegó mucho antes de lo previsto a la proyección de las ocho
y media de la mañana, a sabiendas de que la sala iba a estar colmada. Y así
fue. Tanto que muchos de los que no poseían las credenciales blancas o
rosas, que conceden la prioridad de paso a las proyecciones, se quedaron
afuera.

Una mujer intentó incluso traspasar una valla cuando comprendió que no tenía
posibilidades de ingresar y tuvo un altercado que la TV se apresuró a filmar, en
medio de una multitud que coreaba "abajo Jacob", en referencia a Gilles Jacob,
delegado general del Festival. La reacción debe haber hecho las delicias del
acusado. ¿O acaso no es un halago el haber seleccionado un film que a la
gente se le antoja de visión indispensable al punto de armar gresca para poder
verlo? Pero lo fascinante fue que después de la función, el interés por la
película había crecido aún más. Por primera vez en lo que va de la presente
edición, la Croissette sintió que había aparecido una posible Palma de Oro. De
hecho, la cantidad de periodistas empeñados en participar de la conferencia de
prensa que ofreció el equipo de "Dancer in the dark" fue tal que sólo pudieron
acceder al salón los portadores de las dos categorías más altas de
acreditación: blanca y rosa con punto amarillo. Para tranquilidad del público
argentino, los distribuidores locales se peleaban ayer por comprar "Dancer in
the dark", y al cierre de esta edición uno de ellos estaba a punto de cerrar trato.
La disputa por la adquisición del film es comprensible: no sólo reúne las
condiciones para ocupar un lugar destacado en el prestigioso palmares de
Cannes sino que tiene todos los elementos necesarios para cautivar al gran
público. ¿El secreto del milagro? Una película que el propio Von Trier calificó
acertadamente como "una versión musical de "Contra viento y marea". En
efecto, "Dancer in the dark" es un melodrama musical que hace centro en la
historia de Selma, una inmigrante checoslovaca que trabaja como obrera en
una fábrica de los EE.UU. El personaje es interpretado por la cantante
islandesa Björk, que en un principio sólo iba a ocuparse de la música del film
pero que terminó sumando a su tarea de compositora de los temas musicales
de "Dancer in the dark" el papel protagónico.

En su debut como actriz de cine, Björk compone a una mujer dispuesta al
sacrificio, Selma. Ella tiene una amiga (Catherine Deneuve), un hijo y un
pesado secreto: a causa de una enfermedad, está a punto de quedarse ciega.
Peor aún, el hijo de Selma ha heredado el mismo mal y si ella no consigue el
dinero para hacerlo operar, acabará perdiendo el sentido de la vista. En medio
de la tragedia, Selma se aferra a una única tabla de salvación: su gusto por la
música y una extraña capacidad de ensoñación que le permite ver la dureza de
su vida cotidiana con el formato de las clásicas comedias musicales
norteamericanas. Fuerte a la adversidad, Selma tendrá que enfrentar una
prueba: los vericuetos del guión la llevan a tener que someterse a un proceso
judicial en el que, si resulta culpable, será condenada a la pena de muerte.

Un cierto malestar político

Amada por la gran mayoría de los festivaliers, "Dancer in the dark" despertó el
enojo de muchos periodistas norteamericanos. El origen del malestar no es de
índole cinematográfica sino política: el film plantea que, si bien todo procesado
tiene el derecho a ser asistido por un defensor oficial, las posibilidades de
defensa son más y mejores para quien pueda pagarse un abogado particular.
En rueda de prensa, una cronista norteamericana le dijo al director que esa
visión del asunto era errónea, que en los EE.UU. todos tienen el mismo
derecho a un juicio justo. Sin desesperar, Von Trier respondió: "No he vivido allí,
pero tuve el asesoramiento de especialistas norteamericanos en la materia, y
confío en ellos".

Creador de Dogma 95, la corriente que ha convidado a los realizadores a filmar
con una voluntaria limitación de recursos y respetando diez reglas de
cumplimiento obligatorio, en "Dancer in the dark", Von Trier se apartó de aquella
propuesta y filmó libre de cualquier dogmatismo, aunque eligió realizar el film
en video porque "la tecnología digital y el mundo de las computadoras me dan
una libertad que no tengo trabajando en celuloide".

El silencio de Björk

Para Catherine Deneuve, éste fue su primer trabajo para un film realizado en
video y quedó encantada con la experiencia. "Para un director como Lars, que
toma el guión sólo como un punto de partida pero que les pide a los actores
que improvisen, el video es un instrumento valiosísimo porque le permite
mantener el control de la situación. Para los actores, tiene la ventaja de que
dentro del set hay un equipo reducido; casi no se siente la presencia de los
técnicos y eso da una enorme libertad para trabajar casi en la intimidad con el
realizador", sostuvo. A pesar de haber "estado muchísimas horas en el rodaje y
de haber ensayado la coreografía hasta el cansancio para hacer un personaje
que aparece relativamente poco tiempo en la pantalla", Deneuve se muestra
satisfecha. Después de haber visto "Contra viento y marea", le escribió una
carta al cineasta danés transmitiéndole su interés en trabajar con él. Von Trier
no olvidó el pedido y allí está Catherine, interpretando un melodrama musical.
Conocidas son las fobias de Lars von Trier, que le impiden viajar y que en 1998
lo llevaron a la aventura de venir desde Dinamarca hasta Cannes en una casa
rodante, y a excusarse a través de una carta por no haber juntado la fuerza
suficiente para salir del hotel y presentarse en la conferencia de prensa de "Los
idiotas", el film con el que compitió entonces. Desde ese punto de vista, las
cosas parecen haber mejorado para el fundador de Dogma 95. Ayer dialogó
con la prensa, sobreponiéndose a la timidez que se dejaba ver en sus mejillas
sonrojadas. Quien ha sido víctima esta vez de ciertas perturbaciones de orden
psicológico, es Björk.

La cantante advirtió desde el comienzo que vendría a Cannes, pero que no
daría notas y que no se sumaría a la rueda de prensa porque no se sentía en
condiciones de hablar de su personaje. Según cuentan, Björk fue durante el
rodaje una verdadera pesadilla para Von Trier, para su compañera de elenco
Catherine Deneuve y para el resto del equipo. "La relación con ella fue
realmente difícil -admitió el director-. No es una actriz y, en vez de componer el
personaje, lo vivió. Eso tuvo para ella un alto costo emocional. Quizá dentro de
diez o veinte años pueda sentirse capacitada para contar esas vivencias."

Es lamentable que Björk no haya estado ayer en los pasillos del Palais, porque
habría tenido la satisfacción de escuchar alabanzas en todos los idiomas a su
labor actoral, a pesar de ser una extranjera en el universo de la actuación
cinematográfica. No eran pocos los que sostenían que su trabajo en "Dancer in
the dark" estaba a la altura del de la protagonista de "Contra viento y marea".

"No conocía su música -contó Von Trier-. Se me ocurrió trabajar con ella cuando
la vi en un videoclip. No soy un aficionado a la música moderna y, además, la
música de Björk está muy por encima de mi nivel musical. Yo amo las
comedias musicales de Gene Kelly, a pesar de que nadie en mi familia tenía el
gusto por ese tipo de cine al que mis padres, militantes comunistas,
consideraron siempre como obras superficiales y alejadas de la realidad tal y
como ellos la concebían." Hablada en inglés -"eso facilita la distribución
internacional", sostuvo Jean-Marc Barr, otro de los protagonistas del film-, la
película llevó tres meses de rodaje en un estudio de Copenhague. Según
Deneuve, "allí reinaba un clima de campus universitario". Pero, la nota de la
discordia en el ambiente de camaradería la dio el humor de Björk. La actriz
francesa juzgó que "sería perverso centrar el debate en ese asunto porque el
tema principal de esta rueda de prensa es la película, pero de todos modos voy
a responder. No fue fácil, pero nunca he participado en un rodaje donde no haya
habido tensiones y lágrimas. "Creo que con una vida compleja y misteriosa,
Björk es ante todo sumamente tímida -agregó-. Eso le generó un gran
problema para relacionarse con un equipo de filmación. Está acostumbrada a
un trabajo mucho más solitario. Aquí se sentía observada todo el tiempo por
todo el mundo y eso la puso muy mal. A la manera de mi personaje en la
película, traté de ser una suerte de ángel guardián de Björk durante la filmación.
Pero fue difícil porque al confundirse con Selma, en vez de interpretarla, cargaba
con toda la tensión emocional de la criatura de la ficción y no conseguía
recuperarse del sufrimiento. Llegado un punto terminaba comportándose como
cualquier ser humano que ya no da más." A Von Trier, según contó ayer,
tampoco le resultó sencillo trazar la línea que divide la ficción de la realidad. "No
es fácil convivir todo el tiempo con alguien que corre el riesgo de morir en
cualquier momento -dijo el cineasta cuyo pánico frente al tema de la muerte es
internacionalmente conocido-. Selma era alguien que podía morir y, por
momentos, Björk era para mí esa muchacha a la que podían matar. Fue una
experiencia dolorosa, aunque también excitante," Todavía quedan muchas
horas de cine por delante y pueden aparecer nuevas sorpresas. Pero, de no ser
así, Von Trier podría convertirse en el firme candidato de la Croissette para la
Palma de Oro. En ese caso, si el jurado no comparte el punto de vista de los
festivaliers, se desatará la tormenta de los reproches.

Por Adriana Schettini
Enviada especial

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